Y los campos se quedaron sin flores
La novela explica la odisea de los republicanos españoles que tuvieron que participar en la Guerra Civil Española del 1936 al 1939. Fueron detenidos, deportados y la mitad de ellos asesinados.
Se trata de una historia conocida a día de hoy gracias a la meticulosa investigación de Unai Eguia, Anton Gandarias y Antonio Medina (estos dos últimos sobrino y nieto de las víctimas de nazis Anjel Lekuona y Antonio Medina). Esa historia cuenta cómo František Suchý, administrador del crematorio civil de Strašnice, en Praga, cada vez que los nazis le llevaban cuerpos de prisioneros del campo de concentración de Hradisko y le ordenaban que los incinerase, se atrevía a apuntar en un listado los nombres y apellidos de las víctimas a las que en lugar de incinerar todas juntas -como los miembros de las SS esperaban que hiciera- lo hacía por separado y depositaba sus cenizas en urnas individuales que escondía después por el cementerio. Cada urna contaba con un número que también incluía en el listado en el que iba escribiendo todos los días los nombres y apellidos de las personas que incineraba. También le pidió a su hijo que hiciera lo mismo, para así, tener una copia del listado por si le descubrían y acababan con su vida.
Unai junto al Grupo de trabajo conformado por familiares e historiadores implicados, han realizado una investigación de más de 5 an̈os. Han hablado con historiadores, con familiares de víctimas nazis, ha consultado bibliografía y visitado bibliotecas en otros países. Y en esa labor también contaron con Presentación Gómez y José Luis Pajares, cómo no hacerlo, nuestros recopiladores de historias de vida laredanas relacionadas con la represión y el exilio. Como las de José María Ocejo y Francisco Roque Sierra. Pero esas historias entrelazadas, nos las contará Unai.
El documental que nos acompaña, Popel, del director Oier Plaza, nos muestra visualmente el proceso investigador y de reconstrucción de una verdad oculta en el tiempo, para que la mantengamos viva.


